
Todas las calles de la ciudad estaban silenciosas esa noche. Eran cautelosamente vigiladas desde la torre más alta del distrito de Justicia, por dos figuras de mirada vacía.
-De modo que esta es la famosa ciudad Castillo- Dijo la voz de un joven de aproximadamente 18 años. Su larga cabellera negra ondulaba con el viento aullante.
La figura más pequeña le respondió con una voz fría e inerte.
– La hora de la verdad se aproxima. Los sueños de antaño se transforman en pesadillas cuando el corazón atraviesa el umbral del temor…
Era la voz de una niña, no mayor de 9 o 10 años. Su rostro era pálido y su piel tersa como el terciopelo. Sus largos cabellos rubios estaban recogidos en una media cola, adornada con flores blancas, que hacían juego con su larga gabardina igualmente blanca.
-Hace ya muchos años que fuimos desterrados de este mundo. Es momento oportuno de que los sueños se transformen en pesadillas…
La voz del joven era áspera, como corroída por los siglos.
-Ya veremos si la magika de los Domin es capaz de regresarnos al olvido- Se mofó con desprecio.
Vestía una larga gabardina negra, adornada con unos extraños símbolos Purpuras.
-La mirada de un curioso ha llegado hasta mi corazón, tratando de revelar la identidad de aquellos que han despertado de un largo y profundo sueño…
Recitó la niña.
-¿Creeis que se trate del maestre Robun?- Inquirió el hombre, acomodándose la cabellera.
-La vida del que alguna vez nos enviase a Dormir ha caído en los brazos de la dulce muerte, pues los siglos han trascurrido desde que las almas han permanecido cautivas en el vacio…
-Muy bien, entonces le daremos a ese espía un saludo digno de nosotros-
Declaró finalmente, antes de que ambos se desvanecieran en las sombras.
Mientras, en algún lugar de Ivalice…
Una pequeña criatura entró muy apresurada al gran recinto del Santuario, en los montes Dalid. Mismo santuario que pertenecía a la raza Domin.
-¡Gran sabio! ¡Tengo malas noticias!- Anuncio muy alarmada. Su voz era chillona, como una ardilla.
-¿Qué sucede Shanttina?- Preguntó Rosseword, un anciano Domin de aproximadamente 120 años de edad que sostenía un hermoso y elegante báculo.
La extraña chica vestía una túnica café con numerosos bordados. Su pequeña cara era tal y como la de una ardilla, pero con ciertas facciones humanizadas.
-¡¡Son ellos! ¡¡Los Nemes han despertado de su letargo!!-
Los ojos de Rosseword se desorbitaron levemente. No podía dar crédito a semejante noticia.
-No puede ser, debes estar equivocada-
Pero la chica le aseguraba que había escuchado a los espíritus del flujo vital.
El anciano caminó hasta una enorme vasija dorada, de donde se desbordaba un líquido resplandeciente. Usando su báculo, dio un leve toque en la superficie de ese líquido, y de forma misteriosa, el agua invirtió su flujo, creando una columna ascendente.
-El gran Maestre Robun selló a los Nemes desde épocas ancestrales. La magika no pudo haberse debilitado…
En la columna del misterioso fluido se reflejaron dos sombras, pero estaban borrosas, haciendo imposible saber de lo que se trataba. Rosseword intentó usar su báculo para incrementar la magika que le revelaría la verdad, pero al momento de hacerlo, las sombras se tornaron tan grandes que todo el líquido se oscureció
-El flujo de la vida no me permite ver el destino de Gaia. ¿Será cierto lo que me has dicho querida Shanttina?- Dijo con gran preocupación en su voz. La pequeña criatura asintió muchas veces y bajó la mirada.
-Me lo han dicho los espíritus del flujo vital, ellos pueden sentir la presencia de esos malignos seres.-
La conversación no pudo terminar porque el líquido que se había oscurecido comenzó a desbordarse por todo el techo del santuario. El anciano retrocedió unos pasos y con gran fuerza golpeó el suelo del recinto con su báculo. Una poderosa fuerza hizo retroceder a las sombras, pero no había mucho tiempo.
-¡Shanttina! ¡Esto es terrible! ¡No puedo controlar estas sombras!-
La magika del sabio Domin estaba retrocediendo lentamente.
Shanttina sacó una varita de su túnica y lanzó un hechizo para ayudar al sabio.
-No servirá de nada! Si los Nemes han despertado, entonces solo la magika del Maestre Domin podrá regresarlos al mundo del vacío!-
Todo el santuario comenzó a estremecerse con violencia.
-¿Qué debemos hacer?-
Rosseword usó su mano izquierda para darle un libro de la estanteria a la chica. No podía soltar el báculo porque la oscuridad los sepultaría vivos a ambos.
-¡Busca a nuestro Gran Maestre! Dale el libro que está en tus manos, es la única forma en que podremos detener esta nueva amenaza.- Explicó, haciendo un gran esfuerzo para mantener alejadas las sombras.
-Shanttina estaba desconcertada por la peticion de su mentor. -¿Pero porque me pides estas cosas?- Gritó angustiada
-¡No puedo dejarte aquí solo! ¡No me pidas eso!-
Pero el sabio negó varias veces.
-No seas tonta; si te quedas aquí no habrá esperanza. Tu mejor que nadie debe conocer la amenaza que representan estas criaturas! DEBES BUSCAR AL MAESTRE Y EL BACULO DE BREKAH!-
Tras esto último, escribió en el libro lo que Rosseword le había dicho usando su varita. La chica no quería abandonarlo en ese sitio, ya que quería ayudarlo a enfrentar las sombras que invadían el santuario, pero Rosseword utilizó su Magika para materializarla fuera del lugar.
Con una cegadora luz, Shanttina apareció cerca de la derruida ciudad de Domina, donde pudo observar como el santuario se cubría de oscuridad.
-¡Rosseword, Anciano terco! /Porque me has abandonado?!!- Le reclamó, golpeando la fría nieve de las montañas.
Los minutos pasaron y súbitamente dejo de llorar. Se puso de pie y examinó con detenimiento el libro que sostenía en sus manos.
“Debo buscar al gran Maestre Domin y darle este libro” Leyó en voz baja.” me lo ha pedido mi señor Rosseword”
-¿Pero porque debo hacerlo?¿ Quién es el tal Rosseword?- Se preguntaba a sí misma.
Aquel que fuera su mentor había sido atrapado por una magika antigua, mucho más que la misma espada legendaria o los Dryed. Una magika que era capaz de sumir cualquier cosa en el vacío del Olvido…
-EL SUEÑO ETERNO-
Ciudad Castillo, conocida como la capital del Reino de Ivalice, Ha sido sede de muchos eventos históricos a lo largo del tiempo, pero nunca se esperó que esa pacifica tarde del día 420 calendario Lumien, seria testigo del despertar de algo catastrófico…
-¡Hey! ¿Quieres darte prisa con esa bolsa?- Gritó el Hombre corpulento a su compañero, quien era una especie de rata gigante.
-No le grites a Todomundo Nooo! Todomundo va tan rápido como puede Seee…
Se quejó amargamente mientras arrastraba con dificultades el enorme saco lleno de lámparas en su espalda. El joven corpulento no tenía ningún problema en cargar varias de esas bolsas, pues tenía más que suficiente fuerza en cada uno de sus brazos.
Se dirigían a la plaza principal del distrito Común, donde cada año se llevaba a cabo el festival de las luces. Era tradición de los Cyt encender cientos de lámparas de aire caliente y elevarlas al cielo junto con sus deseos para el año nuevo. Miles de personas de diferentes edades y razas de todo Ivalice se juntaban en este día para celebrar en familia y recordar todas aquellas cosas buenas que sucedieron en el transcurso del año que terminaba. Las calles de la ciudad estaban adornadas con estandartes de color dorado y rojo y todas las farolas alumbraban los estrechos callejones y las grandes avenidas de esta imponente ciudad.
-Yann, Todomundo esta exhausto, deberías dejarlo tomar un descanso…
Protestó el chico rata, dejándose caer al suelo. Su amigo echo un vistazo al cielo, y al notar que el sol empezaba a ponerse en el horizonte.
-Dah, eres un inútil. Yo me encargaré de esto-. Le reprochó, quitándole su porción de carga.
-Si Markus no recibe estas cosas a tiempo se pondrá de un tremendo insoportable.-
Así llegó hasta su destino, donde las personas comenzaban a congregarse poco a poco en la plaza. Todos los niños corrían de un lado a otro presumiéndose las lámparas que enviarían al cielo, e incluso muchos las habían decorado de distintas formas y colores. Cada una representando un deseo y un recuerdo feliz.
Pero había un jovencito en particular cuya discusión con uno de dichos objetos estaba causando risas y comentarios de burlescos.
-Por favor, Daves, puedes dejar de ponernos en vergüenza- Suplicó uno de los niños que lo acompañaba. Era un Viera de aproximadamente 13 años, largas orejas de conejo y cabello castaño rizado. No usaba mucha ropa, pues los Viera eran gente del bosque, pero por ser ocasión especial vestía un chaleco verde oliva con grabados dorados que le habían prestado, al igual que unos guanteletes de cuero que hacían juego con su cinturón.
-¡Esdta cosda no quiere cooperar! No me culpesd a mí!- Protestó Daves, el niño Cyt que sostenía un encarnecido pleito contra su lámpara de calor, misma que no había podido armar como era debido. Y , en lugar de parecer una esfera luminosa con alas, tenía la apariencia de un cubo con cuernos.
Sus colmillos relucían al morder el papel y la madera de la lámpara. Daves vestía un elegante chaleco negro con franjas doradas y bermudas negras, al igual que sus botines dorados bien lustrados.
-Vamos Daves, tranquilízate. Déjame ayudarte…
Dijo la suave voz de un niño Domin, quien vestía una túnica azul marino con imágenes de campanas plateadas. De entre su cabellera blanca y un tanto desordenada se asomaban un par de alitas que tenía por orejas.
-No le insistas. Así es el, es un cabezota Ñaw-
Intervino una chica Neko de aproximadamente 14 años. Vestía unos pantaloncillos rojos y unas botas que la hacían parecer más alta de lo normal, su nombre era Yubed. Su larga cabellera lucía una hermosa tonalidad rosada, misma que había adquirido gracias a una poción magika especialmente para la ocasión.
En esos precisos momentos, aterrizaba en el Hangar de la ciudad el barco aéreo de la Familia Casperia, en cuyo interior venían Lady Grisery Crisel y Allen Casperia desde la ciudad de Rivas. Un pequeño Moguri vistiendo un elegante traje de terciopelo salió volando por la rampa de la embarcación.
-¡Te he dicho que no te me acerques demasiado bola de pelos!- Gritó un joven hume de cabellera castaña y desordenada. Vestía un pantalón azul y un saco blanco muy elegante.
La noble dama de Windhea apareció detrás de él y le metió un buen puntapié.
-Edrien ¡No maltrates a Moggy! Cuantas veces debo decírtelo…!-
La chica lucia muy molesta. Su larga cabellera negra caía con gracia por sus hombros y su hermoso vestido rosa ondulaba con el viento.
-Crisel, ¿podrías ayudarnos un poco?-
Reclamó la voz del joven Casperia, quien junto a sus sirvientes cargaba más de 20 maletas, mismas que la chica había insistido en llevar. Tenía planeado hacer una donación a las damas necesitadas.
-No te quejes tanto Allen. Quiero que pongan esas maletas con mucho cuidado en el carruaje ¿entendido?-
Todos asintieron sin más remedio.
-Y tu ya deja de molestar a Moggy- Volvió a meterle un puntapié a Edrien, quien aún no se recuperaba del anterior.
-Me pregunto si los demás estarán ya en el festival?-.
Se dijo en voz baja el joven noble, quien apenas podia con el peso.
En el gran portón de la ciudad llegaban carruajes provenientes de toda la provincia de Ivalice. Incluso de la nueva ciudad de Jahara, misma que reconstruían con el esfuerzo de todos los habitantes del desierto. Las lámparas de Cd. Castillo bañaban con su luz el firmamento y se reflejaban en las aguas del mar. Los cuatro jovencitos habían logrado conseguir un excelente lugar en la plaza principal del distrito común, donde el desfile daría inicio a las nueve de la noche. Pero mientras daba comienzo, podían divertirse con las muchas atracciones que se habían colocado a lo largo de las calles en los distintos distritos de la ciudad.
-¡Quiero pasdtel!- Daves corrió hasta el puestecillo que vendía las más deliciosas mantecadas y pastelillos de Cd. Castillo. Por supuesto que Yubed le dio un ben tirón de orejas para evitar que el niño Cyt arrasara con todo.-¡Te recuerdo que primero debemos encontrar a nuestros amigos! Ñaaw- Dijo Yubed, a quien no le agradaba que Daves actuara de forma tan inmadura.
-Es cierto! Para estos momentos ya debe haber llegado el Ragnarok con Angeal, Crisel y Edrien!- Exclamó Gareth el viera con una enorme sonrisa.
-Y también debemos enseñarles los excelentes lugares que hemos conseguido- Les recordó Rain, sonriendo tan apaciblemente como siempre.
Las risas de los pequeñines Cyt que jugueteaban entre las callejuelas, lanzándose confeti o simplemente jugando con las lamparitas que habrían de soltar al final del festival, adornaban el ambiente con una tonalidad de infinita inocencia y felicidad.
Una felicidad que no habían tenido en largo tiempo. O, por lo menos, desde que el Imperio fuese expulsado de Ivalice. La labor de proteger estas sonrisas corría a cargo de Drego Solanz, quien mantenía la seguridad en Ciudad Castillo en completo Orden. Se encontraba observando el festival desde la torre de justicia.
-General Solanz, no hay ninguna anomalía, todos los puestos han pasado su reporte y no se han presentado contratiempos- Informó un Cyt de trenzas y extraños colmillos sobresalientes.
-Te he dicho que no me llames General Solanz, aun no me considero digno de ocupar ese puesto. Pero gracias por tu reporte Thantor, puedes continuar en tus deberes- Ordenó el Hijo mayor del difunto General Solanz. Thantor hizo una señal de respeto con la mano y se retiró.
-Padre…¿Crees que algún día estaré a la altura para ocupar tu puesto?-
Murmuró con soslayo.
-Todos los días sueño con encontrar la respuesta a esa pregunta-.
Bajó la mirada para observar el hangar.
- Me pregunto si los demás ya habrán llegado…
Mogtaro, quien hacia un enorme esfuerzo por cargar una de las maletas de Crisel, se estampó accidentalmente contra una curiosa criatura, de una raza que le era familiar, ya que existían desde los tiempos de Cosmos, al igual que los Moguris.
-Disculpe señorita, que no la he visto cruzarse. ¿Os encontráis bien?-
Le tendió su diminuta mano para ayudarla a incorporarse.
-Eres un torpe! Deberías fijarte por donde vas!- Le reprochó. Su voz era chillona, como una ardilla sobrecrecida. La chica sacudió su atuendo, que claramente eran los ropajes de un mago negro.
-De nuevo me disculpo con usted. Mi nombre es Mogtaro, ¿Y el vuestro?-
-Yo soy la gran shanttina, maga, clarividente y sabia- Respondió la chica con una sonrisa de autosatisfacción.
-Y no necesito la ayuda de un mequetrefe como tú. Estoy buscando a alguien muy importante, antes de que suceda una tragedia- Dijo ella, acomodando su corto pelo castaño y dándose la media vuelta.
-Podría decirme a quien es que buscais. Tal vez yo le conozca-.Dijo Mogtaro, tratando de asistir a la maga.
-Un ser tan insignificante como un Moguri jamás conocería a la persona que estoy buscando. Será posible que esta cosa peluda pudiese conocer al Gran Maestre Domin. ¡Bah!-
Alzó la mano y chasqueó los dedos.
-Esperad un minuto, que si le conozco…
Pero no termino de decirlo porque la pequeña chica ardilla desapareció con un PUFF.
-Vaya, que tia tan ostia. No me ha dado oportunidad de decirle que conozco a Rain-. Murmuró el pequeñin alzando los hombros.
Yann fue el primero en encontrarse con los cuatro chicos. No tardó demasiado en dar con los puestos que Rain y Gareth habían reservado para el grupo.
-¿Están conscientes de que podríamos observar el festival desde el palacio Real?- Dijo con un tono de desesperación en su voz, ya que se sentía un tanto sofocado con tanta gente a su alrededor.
-Sí, pero no sería tan interesante como verlo desde aquí-. Rebatió el niño conejo.
Rain asintió con entusiasmo. -Nos perderíamos la puesta en escena de los actores del circo-.
Pero Yann se limitó soltar un bufido. Tanto Daves como Todomundo tenían sus bocas ocupadas con los pastelillos que habían comprado. Eran tan deliciosos que hasta Yubed sentía que no podía dejar de comerlos.
La banda musical interpretaba una rítmica melodía con la cual se antojaba entrar a la plaza principal y bailar. Pero la idea no entusiasmo tanto a Allen, cuando Lady Crisel prácticamente lo arrastró hasta el centro de la pista de baile.
-Vamos Allen, no seas amargado! Bailemos!- La sonrisa de la chica era cautivadora, tanto, que al joven Casperia le fue imposible no aceptar.
Daves apuntó a la pista de baile en la plaza principal y grito con euforia.
-¡HEEEEY ALLEN! ¡LADY CRISEL! ACA ARRIBA!-
Todos los presentes saludaron con ambas manos a la joven pareja, misma que les regresó el saludo esbozando una gran sonrisa.
Mogtaro sobrevoló hasta el área donde se encontraban los niños y Yann, seguido de cerca por Edrien, quien también les dedicó un saludo un tanto burlesco, como era típico en él.
-Hey Alitas! Cuanto tiempo! ¿Qué cuenta la vida de Maestre Domin eh?- Saludó a Rain, dándole una palmada en la espalda tan fuerte que casi le tira el gorrito puntiagudo que usaba.
-Muy bien, gracias por preguntar-. Respondió de mala gana, acomodándose su gorro.
Tanto Mogtaro como el chico Hume ocuparon sus puestos. Yann le saludó con un abrazó como era costumbre en él. Edrien también saludó a los otros niños, justo para después encontrar a la rata.
-Pero mira nada más, la rata obesa tragando como siempre. ¿Es que acaso nunca te cansas de comer?- Le dijo a Todomundo, quien seguía atascándose los pasteles. Incluso algunos que no habían comprado. Eran robados seguramente.
-Nooo! Todomundo siempre ha soñado con comer y comer sin parar. Un mundo donde todo sea comida! ÑAM ÑAM Seee! Delicioso!- Respondió la rata, engullendo hasta las migajas.
-Hey Edrien, y tú, ¿tienes un sueño en particular?- Le dijo Gareth, dándole un leve codazo.
-Pues mira orejudo, que te diré….Me gustaría un mundo donde todo fueran maquinas!-
Gritó sin moderación. Los que estaban alrededor se cubrieron los oídos al escuchar semejantes alaridos.
-¿Qué hay de ti Yann, ¿Tienes algún sueño en particular? Ñayw- Preguntó con curiosidad Yubed, la chica Neko.
-No….bueno, tal vez sí. Me gustaría ser rico. Más rico que el inútil de Allen y que el mismo rey. Tener un emporio de embarcaciones de comercio y ser reconocido por todos-
Confesó, poniéndose un tanto rojo. No era común que el hablara sobre sus deseos personales.
Edrien estalló en risas y le dio una buena palmada en el hombro, deseándole buena suerte en realizar semejante empresa.
Crisel estaba fascinada bailando en la pista. Su elegante vestido se mecía de un lado a otro, como una flor en el viento.
-Esto parece un sueño. Un sueño de baile e inmensa felicidad- Murmuró Crisel, bailando muy de cerca con Allen. -¿Sabes? Si esto fuera un sueño desearía no despertar jamás.
Allen le dedicó una caricia y un tierno beso.
-Yo tampoco despertaría. Siempre y cuando estés siempre a mi lado-.
Dijo finalmente.
Al poco tiempo las trompetas sonaron por todos los distritos, dando por iniciado el evento principal. Era presidido por Markus, a quien habían elegido todos como vocero oficial durante las festividades.
“Damas y Caballeros! Sean bienvenidos una vez más a este evento anual de nuestra bella Ciudad, la capital de Ivalice!”
Los aplausos se dejaron escuchar por todos los distritos, al igual que los sonidos de algunas trompetillas y unos cuantos gritos de alegría.
“Este año tenemos muchas cosas que agradecer, que apreciar y recordar. Mucha gente se ha ido, seres queridos que eran invaluables para nuestros corazones. Pero, manteniendo vivo ese recuerdo en nuestros sueños, y luchando por seguir viviendo en armonía día con día, lograremos honrar a todos los que han partido de este mundo”
Daves, Yubed y Gareth sintieron un nudo en la garganta al escuchar estas palabras, pero Rain les abrazó a los tres y los miró con sus profundos ojos azules.
-Esta será una noche de ensueño, ¿no lo creen así amigos?-
Los tres se miraron y asintieron al mismo tiempo.
Todos los presentes prepararon sus lámparas de aire caliente, para dejarlas ascender hasta el cielo estrellado. Era un momento muy significativo y Daves podía sentir su corazón palpitar con emoción.
“¡Es por eso que doy por comenzado este festival! ¡Preparen sus luces”
Alzó la mano derecha al cielo y comenzó el conteo regresivo.
“¡¡DIEZ!!”
Gareth encendió su lámpara, al igual que Yubed y Rain.
“¡¡NUEVE!!”
Edrien también preparo la suya, aunque le había hecho una serie de modificaciones para hacerla volar más alto que las demás.
“¡¡OCHO!!”
-Dah, estúpida cosa, no quiere encender- Protestó Yann.
“¡¡SIETE!!”
Crisel preparo sus luces. La chica noble cerró sus ojos formulando su deseo para el año que empezaría.
“¡¡SEIS!!”
Allen también había encendido su lámpara y se encontraba listo para lanzarla.
“¡¡CINCO!!”
Todomundo estaba tan ocupado con los pastelillos que ignoraba completamente su lámpara. Después de todo, su deseo más ferviente era comer y comer.
“¡¡CUATRO!!”
-Hey! Señorita! Necesito deciros una cosa!- Gritó Mogtaro cuando diviso a la pequeña shanttina preguntando a cada uno de las personas que se encontraban en la fila delantera si alguno había visto gran maestre Domin.
“¡¡TRES!!”
-¿Que dices?- Preguntó la chica a pulmón entero, ya que los gritos que hacían eco a la cuenta regresiva no la dejaban escuchar.
-Que este majo de aquí es el maestre Domin!- Moggy Señaló a Rain.
“¡¡DOS!!”
-Él es el maestre Domin!? No puede ser, es un crio!- Shanttina chasqueó los dedos nuevamente y apareció frente a Rain, quien casi se va de espaldas del susto.
-Gran maestre Domin! Necesito darle algo!- Le gritó la pequeña.
“¡¡UNO!!”
Rain no entendía lo que estaba sucediendo; Una chica con rostro de ardilla acababa de materializarse justo enfrente de el, sosteniendo lo que parecía ser un libro. Pero eso no le importaba mucho, ya que quería lanzar su lámpara cuando el contador llegara a cero. Evento que sucedería justo…
“¡¡CERO!!”
El corazón de Rain palpitó con mucha fuerza, al igual que los otros chicos, Esa sensación no duro mucho, porque algo terrible sucedió cuando la cuenta llegó a cero…
-¿Que está pasando?- Preguntó Drego, al observar desde la torre de justicia que todas las luces de las farolas se habían tornado de un intenso color purpura y brillaban con un siniestro fulgor.
Daves fue el primero en soltar la lámpara, ya que la luz que irradiaba era inquietante e incluso lastimaba lo más profundo de su ser.
-Que es lo que está sucediendo? Porque se han tornado de este color las llamas? Es parte del espectáculo?- Preguntó Crisel, quien tenía un terrible presentimiento.
-Es demasiado tarde. Los Nemes han llegado- Se lamentó Shanttina, sacando su varita y colocándose frente a Rain.
El centro de la plaza principal comenzó a vibrar con intensidad, abriendo una enorme abertura en el centro que dio paso a un extraño liquido negro. Era como si la oscuridad misma se hubiese transformado en líquido.
-Crisel, ten cuidado!- Allen se apresuró a apartarla de la pista principal.
Yann tampoco daba crédito a lo que sus ojos veían. Había sido testigo de numerosos festivales de las luces, pero era la primera vez que ocurría esto.
-Sea lo que sea ese líquido, debo obtener una muestra- Exclamó Edrien, intrigado por las sombras que emergían en el centro de la plaza.
-No creo que eso sea algo que puedas tocar…
Puntualizó Gareth, quien estaba retrocediendo unos pasos junto a Yubed y Daves.
-Eso no es líquido. Es el vacío, o su esencia…
Les explicó Shanttina.
-¿Y tú quién eresd?- Dijo Daves.
La pequeña no tuvo tiempo de contestar porque del Vacio oscuro emergieron dos figuras. Estos personajes no lucían como ningún otro habitante de Ivalice, sino que eran de otra época o incluso otra dimensión.
-Habitantes de Ivalice…Han sido siglos de auscencia, pero al fin hemos vuelto. Hemos regresado al mundo que nos rechazó, que nos humilló-
Dijo el hombre de la gabardina negra. Su mirada era tan profunda e intensa que sentían como si pudiese penetrar hasta su mente.
-¿Quiénes son? ¿Acaso son Alterianos?- Preguntó Allen, invocando su alabarda.
-¿Por qué interrumpen el festival de las luces? ¿Quiénes se creen que son?- Reprochó Crisel, sin soltar la lámpara.
-Insolentes Hume! Ustedes no son sois nada más que las sobras de los Dryed. Guardad silencio mientras hablo!- Ordenó el joven de la cabellera negra y con un solo movimiento de su mano, el vacío oscuro atrapó los jóvenes amantes y los forzó a inclinarse ante él.
-Mi Lady Crisel!- Mogtaro se lanzó a rescatar a su dama, pero sufrió el mismo destino que ellos.
El público presente soltó un grito de terror, pero no podían moverse de sus lugares. Era como si las llamas purpuras los mantuvieran quietos. Ni los mismos guardias o los soldados Cyt podían moverse.
-¡ALLEN!- Yann invocó su enorme mazo y se abrió paso hasta donde estaban los jóvenes nobles. Edrien también lo siguió.
-Que interesante. Dos criaturas sobrenaturales frente a mí. ¿Dejarían que les haga algunas pruebas?- Les pidió con su tono burlesco y convocando sus brazos mecánicos.
Daves y los otros también quisieron abrirse camino hasta el frente, pero Shanttina les cerró el paso.
-No vayan, es inútil que lo hagan- Le sugirió. Pero ellos insistieron en acudir en ayuda de sus amigos. Sin embargo, sin tener tiempo para moverse si quiera, el vacío atrapó a Edrien y a Yann irremediablemente. No habían tenido tiempo de reaccionar o esquivar el ataque.
-Cualquier cosa que intentéis en contra nuestra será en vano. El vacío puede leer vuestros corazones y reacciona antes que sus propios cuerpos-
El hombre apretó el puño con mucha fuerza y las ataduras oscuras que rodeaban a los novatos comenzaron a lastimarles.
-¡AMIGOSD!- Daves gritó furioso y sus colmillos crecían amenazadoramente.
-No niño, detente! No hay nada que puedas hacer, no seas impertinente!-
Le dijo Shanttina, tratando de contenerlo, pero la fuerza de Daves iba en aumento.
-Daves, trata de tranquilizarte. No podemos lanzarnos a la pelea de forma imprudente o terminaremos como nuestros amigos- Intentó calmarlo Rain, y con ayuda de Gareth y Yubed lo sostuvieron.
-Déjenme ir, debo hacer algo!-
Pero justo antes de que lograr zafarse, una lluvia de flechas diamantinas cayo desde la parte superior del distrito, con la intención de atacar al nuevo invasor.
“Fusion en cadena, Glacies Pluvia”
Drego habia lanzado su ataque desde el cielo y caia rápidamente para emboscar al hombre de negro.
-Insolente criatura. Un Cyt nunca podrá lastimarnos, ¿Verdad, hermana?-
Dijo el hombre, abriéndole el paso a la hermosa niña de la gabardina blanca. Su belleza deslumbro a Daves y a Gareth.
-Las flechas que se disparan con ira, aunque veloces y certeras, no lastiman a los que no pueden ser lastimados…
Las flechas de Drego se detuvieron en el aire, como si el tiempo mismo se hubiese detenido.
-Eso no es nada!- Drego alzó su mano y conjuró su magika “Prisa” para romper el hechizo de la extraña.
-Ignorante aquel que confunde el tiempo con los sueños, pues ambos corren a distintos ritmos y bailan al son de la muerte-
La magika de Drego no fue efectiva y algo sucedió en ese momento, porque las flechas se tornaron en contra de su propio dueño, lastimándolo gravemente.
Al caer el duelo, el Cyt también fue presa fácil para el vacío oscuro.
-¡hermano!-Daves intentó nuevamente lanzarse a rescata sus amigos y a su hermano, pero estaba claro que ellos cuatro solos no tendrían oportunidad.
-Criaturas que vivís en el mundo real, seres mundanos que nos enviaron al sueño eterno y nos obligaron a vivir en el olvido!- El hombre alzó ambas manos y todos en Ciudad Castillo podían escuchar su áspera voz.
-Yo os sentenció al mismo destino que nos habéis impuesto. Y jamás regresareis a vuestro mundo hasta que nuestra venganza contra el Gran Maestre Domin se haya completado!-
Rain se sobresaltó al escuchar estas palabras. ¿Se referían a el? ¿Y porque precisamente a el, si jamás los había visto en toda su vida?
-Vivireis en el sueño eterno al igual que nosotros, hasta que vuestras pesadillas os consuman y desaparezcan en el olvido!-
El vacio oscuro comenzó a expandirse por toda la plaza, engullendo a cada piedra, cada columna, árbol, banquillo, farola, pared o persona. Nadie podia escapar, pues las llamas purpuras los mantenían inmóviles, Impávidos ante su inminente desaparición.
-Soltad las llamas purpuras!- Gritó shanttina. Tanto Yubed como Gareth las soltaron, pero el vacío alcanzó a atraparlos a ambos.
-Daves, ayúdame! NYAAW!- Gritó la chica Neko, mientras su cuerpo se bañaba en oscuridad, pero Shanttina cogió a Daves y a Rain de los brazos y con una intensa luz blanca los desapareció de la escena.
-Maravilloso es nadar en el océano de los sueños. Pero las corrientes pueden llevarnos a lo más profundo y ahí es donde los sueños se convierten en pesadillas…
Recitó la chica, quien abrazaba con ternura al hombre de negro.
Poco a poco el vacío cubrió las paredes, las plazas, los distritos de la antes luminosa ciudad. Ahogándola en lo más profundo de la oscuridad, en el vacío del Olvido.